Se descubrieron en 1992 durante una obras de restauración, estaban recubiertas de cal.
Son escenas de la Orden de los Dominicos (Técnica mezzo-fresco).
Respuesta de Juan Antonio Torres:
caray, Juan: este asunto de las pinturas murales son muy importantes para mí. Resulta que en 1992, el alcalde Enrique Fajarnés Ribas ordenó arreglar el salón de plenos para cambiar de mobiliario y ponerlo mas cómodo para trabajar, pues el que había era muy viejo y desvencijado. Aquel viejo salón de plenos tenía en la parte del público dos medias columnas de obra, visiblemente postizas. Mi despacho del departamento de Cultura estaba al lado de una puerta lateral del vestíbulo de dicho salón, abierta después de la reforma integral del edificio llevada a cabo por el alcalde Adolfo Villalonga Fajarnés. Sabía de aquellas obras y en un momento de la mañana se me ocurrió acercarme a ver como trabajan los albañiles. Eran dos. Estaban quitando a martillazos la columna de la izquierda del salón cuando ví unos colores en la parte del muro donde habían quitado parte de la columna. Les pedí parar un momento para que viera una cosa el alcalde. Pude ir al despacho de Enrique Fajarnés y le dije lo que yo suponía que era aquella pintura: parte de pinturas murales del siglo XVII que, según un opúsculo del historiador Enrique Fajarnés Tur, titulado "La Iglesia de San Vicente Ferrer y San Jaime", estaban en el antiguo refectorio de los frailes dominicos, que habían regido aquella iglesia y convento desde el siglo XVI hasta 1835 en que fueron exclaustrados. La parte del convento que no fuera expresamente para el culto quedaba amortizado y pasaba a manos del Estado (amortización del ministro Mendizabal) y éste lo convirtió en cárcel, colegio de segunda enseñanza y ayuntamiento. Pues bien, el alcalde Fajarnés vio aquellos colores en el muro y mandó a los albañiles que quitaran la columna con sumo cuidado. Después de quitar la columna falsa de adorno aparecieron unas pinturas antiguas en el muro semejando baldosas. Al quitar la columna falsa del lado derecho apareció la boca de una cisterna. Ahí encontré la explicación del por qué de las medias columnas postizas: al transformarse el antiguo refectorio taparon la boca de la cisterna por la que debían sacar agua para las comidas de los frailes, y para simetría de adorno pusieron otra media columna postiza en el lado contrario sobre las antiguas pinturas. Supuse que el techo tendría pinturas murales antiguas, las descritas por Enrique Fajarnés Tur en su opúsculo, pero que al convertirse en lugar de discusiones políticas como salón de plenos, el mandamás de aquel tiempo decidió blanquear todas las paredes, haciendo desaparecer a la vista cualquier imagen religiosa. Solo cabía hacer una cosa, quitar la pintura para ver si salían pinturas. Así se lo propuse al alcalde Fajarnés y así lo decidió. Se contrató a la restauradora María Docavo, que fue la encargada de la restauración y aparecieron todas las pinturas que se pueden ver ahora. Cabe decir que en la bóveda existe una linea desde el centro hacia levante que las pinturas no existen. Eso era debido a que a mediados del siglo XX se colocaron en el techo dos lámparas de madera torneada hechas en la escuela de Artes y Oficios y pusieron tubos para pasar los cables eléctricos. El año 2006, el viejo salón de plenos quedó inutilizado por haberse habilitado uno nuevo en el edificio de Can Botino. Esa es la historia.