

No en vano siempre ha sido considerada bebida de dioses, su camino es duro, pendiente del clima, de los bichos, de las enfermedades, y los que viven, los racimos elegidos, son pisoteados, masacrados, encerrados sin aire ni agua, a oscuras, en silencio, para acabar dentro de unos frascos de cristal y sólo liberados para morir en el paladar de los humanos.




























