
Después dicen que las fotos son caras. Andaba persiguiendo a una mariposa cuando a unos cincuenta metros veo unos dientes afilados, reluciendo por el sol y las babas, acercándose a gran velocidad hacia mi posición. Vi, después, que era un perro furioso luciendo una camiseta con el lema “nasio pa matá”. Puse en marcha mentalmente las nociones leídas sobre “trato de perros”: “Sobre todo no tengas miedo porque el perro lo huele y es peor”, “agáchate a su altura y extiende tu brazo con la palma de la mano hacia abajo para que te huela”, ¡Cómo voy a agacharme si es más grande que yo!, ¡Y si le doy la mano me la arranca de cuajo!, y lo del miedo, mejor lo sustituyo por el pánico a ver si le desconcierto.
Me tuvo inmóvil diez eternos minutos hasta que llegó su dueño. Estás en su terreno, -me dijo-, lo siento, -contesté-, sólo pretendía hacer unas fotos a una linda mariposa sin dientes, por favor, apártalo de mis húmedos pantalones. Di por terminado mi paseo y me fui a casa a meditar.