












Es verdad que no he meditado, no he tenido tiempo, las veinticuatro horas estaban dedicadas al placer de los sentidos: Los sonidos del silencio en el desierto, el tacto de la arena en los pies descalzos, el olor del té con menta, el sabor de la salsa de sésamo, y la inacabable sesión visual cada vez más sorprendente. El Parque Nacional del Desierto Blanco, el Desierto Negro, el Desierto del Oeste, la Montaña de Cristal,..., entre los oasis de Bahariya y Farafra, unos días inolvidables. Nada es igual después del desierto.