
Es triste que desaparezcan hombres así, pero también tienen derecho a descansar. Toda una vida entregada a que los más enfermos miserables de las
castas intocables de la India tuvieran al menos un techo y un plato de comida. Después vendrían los hospitales, escuelas, viviendas, infraestructuras de saneamiento y agua potable, regadío, y cientos de proyectos más. Tuve la suerte de conocerlo y hablar unas horas con él en
Anantapur hace ya cinco años cuando fuí a conocer a
Soniya, la niña que apadrino y que ya es toda una mujercita como veis en la última foto que he recibido. Gracias Vicente, espero que tu mujer y tu hijo continúen tu labor.