17 de enero de 2007

VIAJAR


Viajar abre los ojos, aunque mirar no sea siempre ver, ni ver sirva de mucho si tu mente no lo interpreta con la amplitud necesaria para comprender.
Aceptar lo desconocido no es fácil a la primera impresión, a no ser que estés siempre ávido y predispuesto a nuevas experiencias, nuevos sabores, nuevos olores, nuevas costumbres, nuevas razones, ….
Siempre tendemos a defender que lo nuestro es mejor, que como en casa no hay nada, y le ponemos pegas a todo. Pues quédate tranquilito en casa, de todas formas con esa actitud no vas a aprender nada ni a disfrutar de donde quiera que estés.
Viajar, cambiar de lugar habitual, implica comprensión, aceptación, acomodamiento, y dosis de generosidad y sonrisa junto a cierto sacrificio que al final resulta enriquecedor.
La línea que divide el viajar con el “ir de vacaciones” es a veces delgada pero las más veces insalvable. Ir de vacaciones es otra cosa, tú pagas por algo y quieres que te lo sirvan, aún así le puedes sacar provecho si tu actitud es la de conocer y respetar, y si te vas a una playa a dormir a la bartola estás en tu pleno derecho y espero que lo disfrutes.

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