4 de septiembre de 2006

ANANTAPUR





Nuestro periplo llegaba a su final, Juan y yo queríamos visitar la Fundación Vicente Ferrer, de hecho teníamos la visita concertada, y quedarnos un par de días para visitar las aldeas donde viven las niñas que habíamos apadrinado.
Las sensaciones en la aldea llenarían demasiadas páginas.
Vicente Ferrer me pareció un tipo con las ideas claras, sencillo pero rotundo en su labor, aunque para mí con demasiada vena Jesuita que hace que su cometido lleve implícito también el adoctrinamiento.
Aldeas, escuelas, hospitales, canalizaciones de agua, todo dirigido a las casta más bajas de la India, los sin nombre.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En realidad, tal vez, sería difícil una labor tan intensa y altruista si no estuviera sostenida por una creencia fiel más allá de su propia persona. Imagino que lo que le mueve por dentro a Don Vicente es la fe y a través de ella comprende y se entrega a una realidad tan cruda y exigente como la que ha elegido transformar.

El hombre con una idea suele convertirse en un ser imparable.

buenos días, amorcito

gracias por las preciosas fotos y por segiur manteniéndome a tu lado.

Anónimo dijo...

"¿Cuánto sufrimiento social habrá que tolerar antes de que la necesidad de cambio, genere de hecho un cambio?".

Edward W. Said
Ensayista.

Sobran palabras y faltan hechos, como los vuestros para mover recursos y terminar con esta inmensa anormalidad, que habéis reducido al apadrinar a esas niñas.
Un beso.