21 de mayo de 2006

CARTA XXVII


Cuanto más me miro menos me reconozco...a modo de espectadora, dejo a mi cuerpo que ceda a la marca sigilosa de los días, que son meses, que hacen toda una vida a la deriva de una torpe comodidad...
Como si fuera un ensayo, me juego la felicidad, ésa que es golondrina becqueriana, a un comodín que no tengo ni en mis cartas ni bajo la manga.
He aprendido a vivir a la espera y ya ni tan siquiera recuerdo qué la motiva pero aseguro con certeza engreída que mi misión es esperar.
¡Qué frágil! La ridiculez del mendigo enriquecido o su propia desgracia...
Acostumbrada a callejones sin identidad, se desidentifica en su propio tesoro.
Mi tesoro es gozar de todo lo que me hace ser yo: mi familia, mis amigos, mis libros, mis letras, mis sueños, mis emociones, mis pecados, mis recuerdos, mis apuestas...
¿Has leído algo de Milan Kundera?, no escuché jamás este nombre hasta que hace unas semanas un papá de la asociación me regaló “La inmortalidad”.
¿Cómo llegan a nosotros los libros?, es un misterio extraordinario. Tú me abriste sus puertas desde niña y desde entonces siento que hay una especie de “conexión”. Siempre se me acercan los “exactos”, como ecos de remanso interior, de sosiego, como inspiraciones de aire onírico...
¡Hoy es mi día!...Quizá porque es el número que más me atrae, el 9, junto al mes que más me embelesa, septiembre (por Mecano, por la condescendencia del tiempo, por el color del mundo, porque papá nace y renace...) o porque ha llegado otro pedacito de ti. Gracias por tu modo de vivirme.
¿Sabes?, me he convencido a mi misma de que la única firma a la que debo responder es la que tengo pactada con mi vida.
Lo único que se pondrá por delante de mi vida y mis sueños será un bebé.
Mi bebé se convertirá en mi brújula y por él renunciaré gustosísima a parcelas de mi libertad porque él será una parte vertebral de las alas que agite. Antes de él, amo y mucho y en todas las direcciones. Si el bebé viniera mi amor apuntaría con más ahínco en un sentido, el suyo.
Hoy tengo una herida en el ojo. ¡Me quedan días de rostro colorista!(es un cardenal alargado de tonalidad violeta intenso), es otro regalo añadido al día hechizado. Uno de los peques de Luis ha jugado conmigo durante casi dos horas dejándome la huella de sus cinco años “guerreros” en el ojo izquierdo.
Algo de Kundera: “El peligro del odio consiste en que nos ata al adversario en un estrecho abrazo...”

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